Un niño nunca viene solo. Viene con una historia, con una casa, con unos silencios y con unos adultos que a veces aman como pueden y dañan sin querer. La familia, vista de cerca, tiene algo de escena barroca: todo el mundo ocupa un lugar, nadie mira del todo donde dice mirar, y siempre hay una sombra haciendo trabajo extra. En este curso integramos ACT y FAP para trabajar justo ahí. ACT nos ayuda a mirar la conducta en contexto, a entender cómo el lenguaje puede convertirse en jaula y también en posibilidad. FAP nos recuerda que la relación terapéutica es el lugar exacto donde la vida del consultante vuelve a repetirse, se estrecha, se abre o empieza a ensayar otra forma de estar en el mundo. No trabajamos con diagnósticos caminando por un pasillo infinito, sino con personas, con niños que aún no saben nombrar lo que les pasa y con familias que repiten coreografías antiguas. Ojalá salgamos de aquí mirando mejor la escena, con más herramientas y también con más dudas. Porque aprender a mirar ya es una forma de hacer terapia.